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abril 11, 2020 Comentarios

¿Hay dilemas propios de la mujer en psicoanálisis? Lo sabido no pensado

¿Hay dilemas propios de la mujer en psicoanálisis?

Lo sabido no pensado

 

Rosario Castaño Catalá – Psicóloga

Instituto de Psicoterapia Relacional, Madrid

Revista CeIR

Instituto Palacios

 

A través de una revisión de facetas del pensamiento contemporáneo, y del psicoanálisis a lo largo de su evolución, este trabajo se interroga acerca del papel que juega la madre y la mujer en su deseo de encontrar un orden simbólico, una madre que es capaz de poner también orden y una mujer que tiene deseos propios. Se concluye que hay dilemas propios y comunes a todas las mujeres en el psicoanálisis. Cada persona (mujer, hombre, transexual, queer, etcétera) necesita y quiere ser oída y sostenida y este deseo se expresa mediante significantes de género, como un problema de identificaciones femeninas y masculinas en una misma persona.

Palabras clave: Mujer, Psicoanálisis, Dilemas.

Through a review of facets of contemporary thought, and of psychoanalysis throughout its evolution, this work asks about the role played by mother and woman in their desire to find a symbolic order, a mother who is capable of also put order and a woman who has her own desires. It is concluded that there are dilemmas of their own and common to all women in psychoanalysis. Each person (woman, man, transsexual, queer, etc.) needs and wants to be heard and sustained and this desire is expressed through gender signifiers, as a problem of female and male identifications in the same person.

Key Words: Women, Psychoanalysis, Dilemmas.

English Title: Are there dilemmas typical of women in psychoanalysis? The known not thought


 

Rosario Castaño: ¿Hay dilemas propios de la mujer en psicoanálisis?…. 204

Es un honor participar en la inauguración del ciclo de conferencias del Instituto de Psicoterapia Relacional, del curso 2019-20, y lo es por muchos motivos, entre ellos, porque soy una gran defensora de los espacios de formación extras y abiertos que el Instituto pone al servicio de los alumnos y también del público en general, como es el caso de este ciclo de conferencias.

También defiendo lo institucional, los psicoterapeutas sabemos que tenemos una profesión compleja y solitaria, y el hecho de compartir espacios comunes, y de tener un sentido de pertenencia es saludable para desarrollar nuestra actividad, además de una garantía para nuestras carreras profesionales. El Instituto de Psicoterapia Relacional (IPR) es miembro de varias asociaciones nacionales e internacionales, entre ellas, de la Federación Española de Asociaciones de Psicoterapeutas (FEAP) donde se establecen los criterios mínimos para la acreditación de los psicoterapeutas en formación, así como la formación continuada de los psicoterapeutas acreditados y los didactas1.

Me interesa el tema de este ciclo “Mujer y psicoanálisis” porque yo trabajo en el ámbito privado en un centro édico dedicado a la salud integral de la mujer2, y veo fundamentalmente mujeres de las que he aprendido y sigo aprendiendo cada día, y a pesar de los años sigo teniendo curiosidad por la condición humana en general y por cada paciente en particular; decía Erich Fromm3 que la curiosidad es el punto de partida de la sabiduría, yo no sé si conseguiré algún día sabiduría, pero mientras tanto me sigo sorprendiendo con cada paciente, y en cada sesión y no me enfoco tanto en tener respuestas como en encontrar preguntas, y poder, así, crear un espacio donde se puedan formular tanto dudas como dilemas4. La psicoterapia es una de las pocas posibilidades institucionales que tenemos para ofrecer un espacio en el que poder preguntarse y hablar de sí mismo/ de sí misma, y del mundo en el que se vive.

Me he propuesto traer una serie de reflexiones que me planteo en el día a día de la clínica. Estoy segura que cuando se habla de mujer y psicoanálisis todos pensamos en conceptos como género o transgénero, por eso llegué a pensar que a lo mejor debería haber titulado esta conferencia “El psicoanálisis de género/transgénero”; o “El psicoanálisis transcultural”, sin embargo, he elegido el título de hoy porque quiero que hagamos el ejercicio de pensar en personas, en la sociedad en general, aunque partiendo de que cada persona es única (sea hombre, mujer, transexual, etcétera) e intentaré contestar a la pregunta de si hay dilemas propios de ellas en psicoanálisis.

Para entender a las personas, primero hay que tener una mirada hacia lo político – social, porque no podríamos entender la psicología sin la filosofía5, la sociología, o la antropología, sin el contexto social en el que vivimos. No se puede permanecer indiferente a ese contexto.

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lo podemos aceptar o rechazar, ya que el sujeto se adapta a su ambiente incorporando de forma activa los mandatos de género en términos de roles femeninos y masculinos.

La sociedad en la que vivimos nos constituye a nivel individual, a nivel de experiencia del self, tanto si nos percatamos de ello como si no lo hacemos; por lo tanto, ni como terapeutas nos podemos quedar al margen, ya que como dice Orange7, dialogar con cada paciente, y co- construir juntos nuevos significados supone un ejercicio de reflexión que tenga en cuenta también las propias confusiones, pre-conceptos y pre-juicios, lo que irá influyendo en la forma de preguntarse e indagar sobre la experiencia subjetiva de vida de cada cual.

No hablo desde el pesimismo, pero vivimos tiempos complejos, en un mundo globalizado, aunque soy consciente de que yo vivo en Europa, y como cuentan los periodistas Bosh y SuanzesenlaRevista5W8 yadecíaelpresidenteObamaqueEuropaesmásqueunmercado, los europeos debemos ser conscientes de que vivimos en el mejor mundo posible: hay democracia, libertad, un alto nivel de educación, menos pobreza, etcétera, por lo tanto, deberíamos ser optimistas, no complacientes. No obstante, se ha ido instalando en el imaginario colectivo cierta sensación de desconcierto ante una crisis económica a nivel global de la que no acabamos de salir, una crisis identitaria que tiene que ver con las migraciones, y un miedo al diferente que propicia cada vez más racismo ya sea explicito o implícito, se está instalando un discurso público tendente al fatalismo. Ya desde la entrada en la postmodernidad asistimos a una ruptura de las estructuras de familia y trabajo tal como las hemos conocido hasta ahora.

Pensemos en el movimiento Me Too9, en las manifestaciones feministas, tan necesarias para transformar la sociedad machista que hasta el día de hoy10 y, por desgracia, acarrea la dramática cifra de 42 mujeres asesinadas en España11 a manos de sus parejas o exparejas. Hay más información, más movilizaciones, y más sensibilidad social pero, los movimientos en contra adquieren cada vez más fuerza, intentando minimizar la importancia de las consecuencias para la mujer maltratada como son la pérdida de identidad, la situación de vulnerabilidad de la madre y de los hijos, o el largo y espinoso camino de la justicia; reapareciendo también el estereotipo que creíamos ya superado, de que solo las mujeres con dependencia emocional, y bajos recursos económicos pueden ser víctimas de la sociedad patriarcal.

Pensemos, también en las religiones, con sus mandatos y mensajes al grupo social, aunque en el mundo occidental vivimos en una separación de Estado y Religión, nunca es una separación total. Las creencias religiosas, la mitología y los prejuicios están formando parte del imaginario colectivo y contribuyen a la construcción de la identidad colectiva e individual.

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Y no olvidemos que estamos en una sociedad digitalizada, sin referentes claros, donde todo tiene que ser resuelto al instante, hay que tomar decisiones rápidas, nos angustiamos ante el silencio y el vacío (pensemos en el móvil por ejemplo) en un estado de saturación permanente, donde no hay espacio para la calma. Las redes sociales han traído muchas novedades y comodidades, pero también han contribuido a lo que Ortega y Gasset12 se refería al hablar de la masa que abraza transversalmente a hombres y mujeres de distintas clases sociales, igualándolos en un ser colectivo y abdicando de su individualidad soberana para adquirir la de la colectividad, para llegar a ser nada más que una parte de la tribu. Resulta difícil diferenciarse del resto de “la tribu”, aunque paradójicamente haya una creciente individualidad, como afirma Foucault13 cada sociedad produce su propia verdad y como escribe Fromm, la sociedad no es algo abstracto y el individuo no es otra cosa que un ser relacional, somos lo que hacemos y hacemos lo que somos 14.

Ni nosotros como terapeutas ni los pacientes que atendemos podemos sustraernos a estos datos, a estas informaciones, nos toquen más o menos de cerca, dependiendo del momento vital en que nos encontremos. Lo social entra en las sesiones y actualmente también ha entrado la política, unas veces de forma directa y otras de forma sutil, no hablando de política directamente sino de las emociones que conllevan discursos, manifestaciones, hechos, noticias, actos, sean de humillación, idealización, de valentía o cobardía, en definitiva, actos de comunión con el grupo social.

Antes de seguir, propongo un ejercicio: algunos de los que asistimos en el año 2018 a las jornadas del Instituto de Psicoterapia Relacional15, participamos en un taller impartido por nuestro colega inglés Andrew Samuels16 que a mí me resultó muy esclarecedor. Hagamos solo uno de los ejercicios que se practicaron en ese taller: que cada uno piense en su primer recuerdo político, ese que nada tiene que ver con un acontecimiento público de relevancia, sino más bien con un sentimiento político sobre algo que le impactó en el entorno familiar.

Y con este ejercicio podemos darnos cuenta de la importancia e interrelación que tiene tanto el discurso familiar como el político-social. Como psicoanalistas estamos comprometidos con la actualidad, y con las problemáticas de la subjetividad y la intersubjetividad. Y esto implica la necesidad de una mirada a: la realidad personal; al carácter individual – el inconsciente individual; el carácter social – el inconsciente social; la raza; la clase social; las creencias religiosas; los traumas, y el pasado que conecta con el presente; el momento presente y la visualización del futuro. Trabajamos con el lenguaje, pero sabemos que el paciente no nos trae solo un lenguaje informativo, sino uno afectivo, lleno de creencias, y de lo sabido no pensado.

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