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diciembre 10, 2014 Comentarios

¿Sola o acompañada? La decisión de buscar pareja

Celia Arroyo

Psicóloga y psicoterapeuta

Su problema es que no sabe estar sola. Ésta es una frase muy común hoy en día. Generalmente lo dice una mujer refiriéndose a alguna amiga, en un tono algo despectivo, que deja entrever la debilidad de la susodicha.

Más que un cotilleo, se ha convertido en una sentencia, un diagnóstico que tiene su origen en la proliferación de la literatura de autoayuda. Uno de los mandatos de este nuevo género es el de aprender a estar solo o sola, como condición sine qua non para alcanzar los nuevos estándares de la felicidad. Y sin embargo, qué poco se habla de la necesidad de aprender a estar en compañía, pese a que las consultas de psicoterapia están repletas de personas con importantes problemas relacionales.

¿Qué es mejor desde el punto de vista de la salud mental, estar sola o acompañada? Parece que ésta es una pregunta que se hacen muchas mujeres y que obviamente no puede contestarse genéricamente, pues dependerá de las circunstancias concretas de cada persona, y del tipo y la calidad de las soledades y compañías a las que nos estemos refiriendo.

Pero, ¿por qué nos hacemos esta pregunta? ¿Por qué pensamos tanto en los ‘estándares de salud’ y dejamos tan de lado el deseo?

El deseo de las mujeres en relación a la búsqueda de la pareja y la elección del estado civil ha estado siempre en manos de terceros. No hace tanto tiempo, se obligaba a las mujeres a casarse contra su voluntad. Esta práctica sigue vigente en muchas partes del mundo. Con el tiempo, esa obligación dejó de ser tal y se transformó en una forma de presión social. Las mujeres podían no casarse pero se convertían en solteronas, mujeres que eran centro de burla, cotilleo o algún juicio clínico similar al actual. Hemos cambiado el “no es capaz de conseguir un hombre” por el “no sabe estar sola”.

El movimiento feminista, en su lucha por la reivindicación de los derechos de las mujeres, defendió el derecho de éstas a llevar una vida plena sin la necesidad de tener un hombre a su lado. El feminismo más reaccionario encontró en el amor romántico la principal trampa para las mujeres, una trampa que las conduciría al matrimonio y con ello a la sumisión incondicional.

Toda revolución es radical en sus comienzos y conlleva pérdidas. Las pioneras tuvieron que renunciar a muchas cosas que ahora nos resultarían impensables, entre ellas a la maternidad y sobre todo al amor romántico, y ¡ay de aquéllas que cometieron el pecado de enamorarse perdidamente del enemigo! Serían expulsadas del paraíso. Tal fue el caso de intelectuales como Mary Wollstonecraft, que pese a ser la autora de ‘Vindicación de los derechos de la mujer’, fue humillada por sus coetáneas por su apasionada vida amorosa. El movimiento feminista no la juzgó por su obra sino por alejarse de la vida ejemplar que debía llevar una mujer moderna de su condición intelectual. No encontró su sitio ni entre los hombres ni entre las mujeres.

¿En qué punto estamos ahora? Actualmente no se juzga a las mujeres por estar solteras o en pareja, pero sí hay cierta desconfianza hacia aquellas que, estando solas, quieren tener una pareja. Como terapeuta he asistido al miedo de muchas mujeres de expresar su deseo de estar en pareja, un deseo saludable de encontrar a alguien con quien compartir la vida. ¿Y si su entorno las veía como menos modernas? Como mujeres dependientes, desesperadas por encontrar un hombre. Temían que las imaginasen guardando recortables de vestidos de novia como la protagonista de ‘La boda de Muriel’.

¿Por qué será que ‘El diario de Bridget Jones’ ha hecho reír a tantas mujeres en todo el mundo? Tal vez porque habla del tabú del deseo femenino de encontrar una pareja.

Sin embargo, un gran número de espectadores consideró que la película hubiese sido una lección sobre autoestima si la protagonista hubiese aprendido a estar sola. De nuevo, lo que se estaba juzgando es el deseo, la motivación, la decisión de buscar activamente una pareja.

¿Estamos ante la construcción de un nuevo mito del amor? Uno basado en el escepticismo que, como reacción ante los anteriores, viene a advertirnos de que todo lo que nos contaron sobre el amor era mentira y que la autosuficiencia es el nuevo valor en alza.

Entre la dependencia y la autonomía hay todo un continuo, un enorme abanico de posibilidades. Siempre es necesario cierto grado de autonomía, de regulación de los propios afectos para asegurar el crecimiento personal, pero no es menos cierto que necesitamos relaciones íntimas de verdadera conexión emocional para garantizar nuestra salud mental.

Como psicoterapeuta asisto con frecuencia a la enorme dificultad que muchas personas tienen para estar en pareja, para confiar en otro ser humano, para construir un espacio de intimidad… Y, sin embargo, aún no he visto ningún libro de autoayuda titulado ‘Aprenda a estar en pareja’.

Hemos pasado del “para toda la vida” a reivindicar la autosuficiencia como algo sagrado. La independencia es un concepto que se ha desarrollado enormemente en Occidente en las últimas décadas, en las que los valores predominantes son el individualismo y el consumismo. Éste último no es sólo material: consumimos cuerpos y relaciones. Cada uno en una casa, cada uno con su coche. En lugar de compartir, gastamos más. Enseñar a las personas a estar solas es rentable en las sociedades de consumo.

Algunas mujeres desean permanecer solteras mientras que otras quieren tener una pareja. Estar solo o acompañado debería ser una decisión personal fruto del deseo de cada cual. Conocer cuáles son nuestros deseos y tomar una postura activa ante ellos es donde comienza la verdadera libertad.

Para reflexionar:

  • La búsqueda de la pareja por parte de las mujeres ha residido tradicionalmente en el deseo de terceros y es nuestra responsabilidad reconquistar nuestros deseos y elecciones.
  • Aprender a estar solo es tan importante para la salud mental como aprender a estar en compañía.
  • Las mujeres que deciden tomar la iniciativa a la hora de buscar pareja corren el riesgo de ser vistas por su entorno como débiles o menos modernas.

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Comentarios (3)
  • Parker dice:

    Notar la diferencia que hay entre ser esclavo de una necesidad y desear controladamente

  • Celia Arroyo dice:

    Gracias por tu comentario Elena, lo cierto es que es un tema de enjundia.

  • Fantástico el artículo Celia. La sociedad debería ahondar mucho más en los problemas que se desprenden ” de vivir en pareja” que parece encuadrarla en la relación ideal del individuo. Sin embargo, cada día en la prensa publican artículos terribles de ” violencia de género ” en su mayoría muertes de mujeres a manos de sus parejas. Es muy posible que antes de llegar a este extremo existan en la sociedad de forma soterrada incompatibilidades “serias” entre la mujer y el hombre y viciversa.

    La sociedad ve con temor “la mujer sola”, tampoco acepta al “hombre solo” con frecuencia se asocian estos estados con homosexualidad, rareza o alguna patología extraña o escondida.

    Necesitamos, a mi parecer, una visión de las personas más amplia donde participe e impere el deseo del individuo como ente, su libre albedrío de vivir su vida a su elección, sin juzgarlo ni encasillarlo.

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