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noviembre 25, 2014 Comentarios

Micromachismos y estrategias de control: amenazas silenciosas contra la salud femenina

Celia Arroyo

Psicóloga y psicoterapeuta

En 2013, 54 mujeres fueron asesinadas a manos de sus parejas o exparejas. Se trata de una de las cifras más bajas de los últimos 10 años. Hasta septiembre de 2014, se han producido un total de 41 víctimas. La sociedad empieza tomar conciencia de que la violencia machista es un peligro real para muchas mujeres.

La violencia de género ha alcanzado en los últimos años un importante grado de visibilidad; nos horroriza el aborto selectivo que se practica en países como India o China; hemos tomado buena nota de los ojos morados que han protagonizado las campañas más impactantes contra el maltrato; no vamos a permitir que un hombre nos ponga la mano encima, y sin embargo no puedo evitar pensar…¡Qué poca conciencia tenemos de los micromachismos!. Cuando hablo de micromachismos me refiero a estrategias sutiles que los hombres emplean para controlar y someter a las mujeres, estrategias que a menudo pasan desapercibidas.

Hace unos días, una mujer de 24 años me contaba que tenía problemas para ver a una de sus mejores amigas, una profesional del ámbito de la salud a la que su novio le suplicaba que no saliese con su pandilla, que se quedara con él. No se lo prohíbe, me decía, pero ella al final nunca viene y cuando lo hace nos cuenta que a él no le gusta que salga con sus amigas porque cree que son “ligeritas de cascos”. Por supuesto también opina sobre el escote que lleva o la longitud de la falda. Ella lo tolera: él lo hace porque la quiere, porque se preocupa por ella. Puede que en esta historia nunca llegue a haber violencia física, o puede que se trate sólo del principio de una horrible pesadilla, pero lo que es seguro es que la salud psicológica de esta mujer está seriamente amenazada por las estrategias de control de su pareja.

Luis Bonino, uno de los autores que más han estudiado los micromachismos, los define como microviolencias poco estudiadas y reconocidas, casi imperceptibles, realizadas por muchos varones que fuerzan, coartan y minan la autonomía personal. Aunque no de forma evidente. Sino de modo sutil e insidioso, casi invisible… Una de las razones de la gran eficacia de los micromachismos es que, dada su casi invisibilidad, van produciendo un daño sordo y sostenido que se agrava en el tiempo”.

Sabemos que las mujeres tienen mayor probabilidad de desarrollar cuadros depresivos que los hombres. Luis Bonino es uno de tantos profesionales de la salud mental que se plantean si esa diferencia no puede ser resultado del impacto que los micromachismos causan en la salud psicológica de las mujeres.

En mi experiencia como psicoterapeuta los micromachismos pasan absolutamente desapercibidos entre las mujeres jóvenes que experimentan sufrimiento en sus relaciones de pareja, un malestar al que no saben cómo nombrar ni cómo hacerle frente. Escucho frecuentemente los relatos de mujeres cuyas parejas exigen saber por qué si él les escribió un ‘whatsapp’ ella tardó 3 horas en responder, o que exigen tener sus contraseñas de correo electrónico, o que cuando no están de acuerdo con ellas se encierran en el mutismo, un silencio que a ellas les causa un enorme sufrimiento. Desaparecen durante días y reaparecen sin dar explicaciones. Al final ellos escogen el plan, a veces cosas aparentemente banales como qué película irán a ver al cine. No hay golpes, no hay moratones, pero tampoco hay una verdadera intimidad en la relación. La espontaneidad queda anulada por la lucha del control, del sometimiento psicológico. Las mujeres que están sometidas a estas tensiones empiezan a tener sintomatología depresiva. Su autoestima está dañada y tienen miedo a que él las abandone.

Está claro, los hombres son malos, ésta puede ser la desacertada conclusión de la identificación de los micromachismos. Una conclusión que no hace sino aumentar la diferencia entre hombres y mujeres, que dificulta la construcción de relaciones democráticas y que, como apuntó Emma Watson en su primer discurso como embajadora de buena voluntad de la ONU, es uno de los grandes retos actuales del feminismo: “mientras más hablo del feminismo, más caigo en la cuenta de que luchar por los derechos de las mujeres es para muchos sinónimo de odiar a los hombres. Y si de algo estoy segura es de que esto tiene que terminar”.

Esta actriz de tan sólo 24 años ha puesto voz al miedo de muchas mujeres de identificarse con el feminismo y al riesgo que el machismo supone para los propios hombres: “También he visto a hombres aguantando el dolor de una enfermedad mental por miedo a pedir ayuda, porque eso los hará ver menos masculinos. De hecho, el suicidio en el Reino Unido es lo que más hombres mata. Los he visto asustados de lo que se les indica que es el éxito para un varón, porque los hombres tampoco tienen los beneficios de la igualdad”.

Las palabras de Watson coinciden con las investigaciones de Bonino que aseguran que los micromachismos y modelos sociales de masculinidad tradicional constituyen factores de riesgo no sólo para la salud de las mujeres sino para los hombres machistas, cuya esperanza de vida es significativamente menor que la de aquellos hombres que trabajan en la prevención de la discriminación sexual. No nos llevemos a engaño, el machismo en sus niveles macro y micro perjudica la salud de mujeres y hombres y contribuye a la infelicidad en las relaciones de pareja.

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Comentarios (1)
  • Antonella dice:

    Artículo muy interesante: ¿cuántas de nosotras han sufrido micromachismo, aunque no haya sido por parte de nuestras parejas? Personalmente, contestaría que muchísimas. Creo que es un aspecto que pasa bastante desapercibido y se subestima por no ser fácilmente detectable.

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