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marzo 9, 2016 Comentarios

Los nuevos mitos de la sexualidad

Los nuevos mitos de la sexualidad

Conversaciones con Rosario Castaño

C.A.: La última vez que charlamos sobre salud sexual,  hablábamos de cómo la sexualidad está estrechamente ligada a la cultura, la ideología y a las creencias morales y religiosas. Esto afecta a nuestro comportamiento sexual. Pero la cultura cambia y con ella los mitos alrededor de la sexualidad, me decías que se estaban deconstruyendo unos al mismo tiempo que se construían otros. ¿Cuáles son esos “nuevos mitos sexuales”?

R.C.: Yo creo que la nueva mitificación del sexo tiene que ver fundamentalmente con la potencia. Hemos pasado de una sociedad en la que hablar de sexo era tabú a una sociedad que no habla de otra cosa, donde casi todo está hipersexualizado. El cine y la televisión han idealizado el sexo, mostrándonos cómo deben de comportarse los hombres y las mujeres en la cama. Estas escenas se han transformado en modelos de comportamiento sexual encorsetados que dejan poco espacio a la espontaneidad, lo que genera mucha frustración en las relaciones sexuales que tienen lugar en la vida real de las parejas.

C.A.: ¿A qué te refieres cuándo hablas de potencia?

R.C.: Ahora mismo el sexo está muy asociado a alcanzar el placer físico y el placer físico es sinónimo de aguantar mucho durante el acto sexual. Por ejemplo en el caso de los hombres, se espera de ellos que mantengan una erección durante todo el tiempo que dura un encuentro sexual y  eso, a menudo,  es fuente de preocupación. Los hombres se preguntan ¿Voy a poder?, ¿Qué pasa si no soy capaz? Estas expectativas pueden generar estrés y frustración.

C.A.: ¿Y las mujeres, sienten también la presión de la potencia?

R.C.: Los nuevos mandatos sugieren mujer tiene que ser sexualmente muy activa y muy, no sé cómo explicarlo…muy mujer.

C.A.: Te entiendo, sería algo así como “mostrarse muy sexy” frente a su pareja, independientemente de que ella se sienta así, parecerse a “la chica de la película”.

R.C.: Sí, es como si estuvieran representando un papel.

C.A.: Eso que dices me preocupa mucho, no sé qué opinas tú pero yo me estoy encontrando en terapia con muchas chicas jóvenes que durante el encuentro sexual están muy pendientes de su aspecto, de meter la tripa, de sacar pecho, etc. Es como si se estuvieran viendo a sí mismas desde fuera y preguntándose si lo hacen bien, si su actitud es sexy … Yo les digo a veces “es como si estuvieras pendiente de si das bien en cámara” y no me estoy refiriendo a la pornografía. Me estoy refiriendo a representar escenas eróticas que están más destinadas fundamentalmente al consumo femenino. Las mujeres jóvenes están muy pendientes de la estética del sexo. Ahora mismo me viene a la cabeza la serie de televisión ‘El príncipe’, las chicas quieren parecerse a Fátima, comportarse como ella en las escenas de sexo con Morey. Algunas tienen dificultades para alcanzar orgasmos, orgasmos que fingen porque es la guinda de la escena erótica. Pero claro si se está pendiente de meter la tripa es muy difícil tener un orgasmo. No están conectadas con su deseo ni con sus sensaciones corporales porque están pendientes de la escena.  

R.C.: Yo también lo estoy observando, llevo muchos años trabajando como terapeuta sexual y lo que comentas es un fenómeno nuevo que yo no había visto hasta ahora. Las mujeres ahora están constantemente preguntando ¿Qué es lo que hay que hacer para ser mujer? ¿Qué es lo que hay que hacer en el sexo? ¿Qué es lo que hacen mis amigas?, hay una preocupación casi obsesiva en muchas mujeres por cumplir con lo que creen que se espera de ellas en la cama.

C.A.: ¿y en el caso de los hombres?

R.C.: El hombre tiende a obsesionarse con que tiene que ser muy varonil, tiene que tener una erección durante mucho tiempo y  muy intensa porque eso significa que la mujer es deseada y que ese hombre puede conseguir hacer feliz  a esa mujer. Antes los hombres se preocupaban sólo de satisfacer su placer sexual, pero ahora hay un mandato añadido: “un hombre tiene que proporcionar a su compañera sexual muchos orgasmos”. Realmente estamos volviendo otra vez atrás, es decir, para tener un orgasmo, la mujer tiene que querer tenerlo; no lo va a tener porque el hombre se empeñe en que lo tenga; tendrá un orgasmo si ella quiere, si tiene confianza con la persona que ha elegido para tener sexo y si no tiene ningún tipo de inhibición, del tipo que sea, educacional, a causa de trauma, o cómo tú misma decías por meter la tripa.

C.A.: ¿Cómo gestionan los hombres su expectativa de que sus parejas sexuales tengan un orgasmo?

R.C.: En muchos casos puede ocurrir que la expectativa del hombre de que su pareja tenga un orgasmo sea un estrés añadido para la mujer. Es un estrés que se retroalimenta, “si mi mujer no tiene orgasmo es que no le gustó” o “soy torpe” o “no sirvo para esto” entonces “tengo que aprender a aguantar para que mi mujer tenga orgasmos porque las mujeres tardan más”, las mujeres lo saben y piensan “tengo que tener un orgasmo porque si no va a pensar que no me gusta o que soy rara”… y es terrible porque el sexo se ha convertido en algo estresante, en algo que no es un encuentro entre dos personas que quieren descubrirse, no es un encuentro entre dos personas que expresan lo bien que están juntas.

C.A.: ¿Podríamos decir que el sexo se ha transformado más en un proceso mecánico en el que ellos y ellas han de dar la talla?

R.C.: Creo que sí que puede estar ocurriendo algo así, de la misma manera que antiguamente, el objetivo del sexo era la reproducción, ahora la meta parece ser alcanzar un orgasmo, dejando de lado toda una serie de experiencias maravillosas como la intimidad, el sentido del humor o la expresión genuina del afecto. El sexo se está banalizando porque se reproducen patrones mecánicos de manera compulsiva. Esto genera frustración y muchas parejas piensan que su vida sexual es peor que la de los otros.

C.A.: ¿Qué consejo le darías a nuestros lectores para combatir los nuevos mitos sexuales de relacionados con la potencia para que sus relaciones sea más satisfactorias y menos estresantes?

R.C.: Pues en la línea de lo que comentabas al principio, que dejen de lado las dramatizaciones, que no se conviertan en actores y actrices porque eso aumenta la distancia entre dos personas. Que traten de ser auténticos, sin preocuparse tanto por sus “fallos”. Desde mi experiencia les aseguro que lo humano, lo genuino, es siempre lo más atractivo. Todo lo demás acaba siendo agotador y aburrido.

 

 

 


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