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mayo 3, 2017 Comentarios

¿Hambre biológica o Hambre emocional?

Mariana Álvarez, nutricionista del Instituto Palacios

Para muchos pacientes uno de los principales obstáculos a la hora de controlar su peso es el hambre, pero ¿Qué es el hambre? Aparentemente es una pregunta fácil, sin embargo, hay distintos tipos de hambre.

Cuando pedimos a una persona que describa cómo es ese hambre, a menudo nos hablan de una sensación incómoda y desagradable que sólo se pasa con la ingesta de un alimento que por lo general suele ser dulce, graso y por lo tanto de gran contenido calórico. Además sienten que no sólo no pueden controlar esa ingesta sino que esa ingesta les controla a ellos, utilizan frases del estilo “En cuanto empiezo, no puedo parar”… “Si tomo ese tipo de alimento tengo que tomar mucha cantidad, si no es así, prefiero no tomarlo…”

Esta sensación, a la que denominamos ‘hambre emocional’,  está muy ligada a la ansiedad y se dispara con el estrés, especialmente cuando la comida se ha utilizado como mecanismo de defensa para combatir situaciones de angustia o tristeza.

Cuando hablamos de ‘hambre biológica’ nos referimos a una sensación corporal asociada al déficit de energía en el cerebro. El ´hambre biológica’ es la forma en la que el organismo detecta que es necesario “recargar baterías”, esta sensación es una necesidad primaria, puesto que nos indica que necesitamos ingerir alimentos para que nuestro organismo continúe funcionando adecuadamente.

¿En qué se diferencian el ‘hambre biológica’ del ‘hambre emocional’?

  1. El ‘hambre biológica’ se presenta de manera gradual, mientras que el ‘hambre emocional’ aparece de manera repentina, dificultando que podamos concentrarnos en otras tareas.

 

  1. El ‘hambre emocional’ nos hace pensar en lo que nos apetece comer, es el placer el que determinará nuestra elección; mientras que para el ‘hambre biológica’ no hay un único alimento capaz de calmar la sensación.

 

  1. El ‘hambre biológica’ se satisface más fácilmente que el ‘hambre emocional’, basta con ingerir el alimento y esperar a que el cerebro detecte que vuelve a haber energía para seguir adelante. En el caso del ‘hambre emocional’, se suele producir una ingesta excesiva que genera angustia lo que nos lleva a comer aún más. Después suele aparecer sentimientos de culpa, frustración y vergüenza.

El problema del ‘hambre emocional’ radica  en que utilizamos la comida para regular situaciones emocionales como el estrés, la ansiedad, la tristeza, el sentimiento de vacío o la soledad. Muchos autores comparan este intento de regulación emocional con la adicción a las drogas, con la diferencia de que en el caso del abuso de drogas como alcohol, tabaco, etc. La pauta es deshacernos de las sustancias adictivas y no consumirlas en absoluto. Con la comida no podemos hacer eso, no podemos dejar de comer como quien deja de fumar.

Tenemos que aprender a regular cómo comemos porque es algo que biológicamente necesitamos, para ello necesitamos comprender qué papel juega la comida en nuestro universo emocional y qué situaciones nos llevan a una ingesta descontrolada de alimentos. Por este motivo, la psicología y la nutrición están íntimamente ligadas y en muchas ocasiones el psicólogo y el nutricionista tienen que trabajar conjuntamente para que el paciente pueda encontrar herramientas alternativas a la ingesta descontrolada de alimentos para regular sus emociones.

El ‘Mindfulness eating’ o alimentación consciente es una técnica que se está utilizando mucho para controlar el hambre emocional con excelentes resultados. La meditación, el yoga, el ejercicio físico regular y la relajación guiada también son grandes aliados porque favorecen la conexión entre cuerpo y mente.

El ‘hambre emocional’ se ha convertido en uno de los grandes retos de los profesionales de la nutrición, quienes además de asesorar sobre las propiedades nutricionales de los alimentos, han de ayudar al paciente a gestionar el ‘hambre emocional’, pues sólo así conseguirán los resultados esperados. Para ello lo primero es identificar en la consulta qué tipo de hambre tiene el paciente y, cuando se trata de ‘hambre emocional’, explicarle en qué consiste éste fenómeno para que pueda diferenciar entre el ‘hambre biológica’ y el ‘hambre emocional’

Ya no vale con dar una dieta y pesar al paciente cada semana, no conseguiremos nada haciéndole sentir culpable por no haber podido seguir la dieta, porque si como profesionales nos limitamos a eso, entonces estamos dejando a nuestros pacientes muy hambrientos.

Por supuesto que el paciente tiene que implicarse, comprometerse con su deseo de cambio, apelar a su fuerza de voluntad, pero nosotros debemos acompañarle en ese proceso que es un proceso de cambio físico y psíquico.


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