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mayo 6, 2011 Comentarios

El sexo en la sociedad posmoderna

Se esta viendo la necesidad de estudiar la influencia de las nuevas tecnologías y las redes sociales en las relaciones personales y en los comportamientos sexuales.

Tratar de analizar nuestra sociedad actual nos enfrenta con diversas dificultades: Por una parte, la proximidad en el tiempo y la consecuente falta de perspectiva que puede distorsionar los datos a analizar; es difícil reducir lo social a algo abstracto porque uno habla desde su propia diferencia y desde el tiempo que le corresponde.
Por otra, no podemos considerar posmoderno cualquier expresión social por el hecho de ser extravagante, rara o porque ofrece pocas posibilidades de explicación y justificación.

Los medios de comunicación se esfuerzan por transmitirnos la idea de una sociedad global donde todos estamos conectados, pero hay grandes diferencias, no sólo por factores económicos sino también por las no menos importantes diferencias de orden cultural, religioso y social. Un mundo lleno de diversidad donde interactúan países, empresas y personas ubicadas en regiones del mundo muy diversas. Con un solo click tenemos en nuestro hogar el mundo entero y con la ilusión de formar parte de él, conectamos con personas en un espacio en el que la realidad y la virtualidad se confunden, las fronteras entre los lugares y los no-lugares se han diluido, y donde lo fantástico y lo efímero parece gobernar las relaciones personales, podemos estar permanentemente conectados y sin embargo, no tener “nadie a mano” con quien relacionarnos.

Casi sin darnos cuenta nos hemos instalado en la sociedad posmoderna, de la globalización y de:
• El deseo y la individualización (Lipovetsky; 2007)
• El consumo, la velocidad, la decepción (Lipovestsky; 2008)
• Los vínculos frágiles (Bauman; 2003)
• El imperio del cuerpo (Talarn; 2007)
• la sexualidad plástica (Giddens;1995)

Los comportamientos sexuales son muy diferentes a los de otras épocas, lo que no impide que se vivan entre numerosas paradojas y múltiples contradicciones.

1) Las relaciones sexuales se han separado de la integración ancestral de la reproducción, el parentesco y las generaciones (se han cumplido apenas 40 años de la comercialización de los anticonceptivos orales, hormonales, un fenómeno social de gran relevancia) no obstante los significados psicológicos del ciclo de la reproducción, la maternidad y la paternidad* siguen latentes y se ponen de manifiesto cuando se decide que ha llegado el momento de tener hijos; y en el significado psicológico que cada mujer y/o su pareja le da a los anticonceptivos de cualquier tipo, porque no olvidemos que se usan para prevenir embarazos y/o enfermedades de transmisión sexual, y también para practicar sexo con todos los significados psicológicos que conlleva.
*Maternidad/paternidad como impulso a tener hijos y paternal/maternal como impulso a cuidar de las crías.

2) Se tiende a separar el sexo del amor aunque la pareja y la familia siguen siendo muy valoradas. Se busca y se sigue anhelando un amor-pasión para toda la vida, pero con el temor a la dependencia emocional, a ser abandonado o a que el otro dependa excesivamente de uno; a que la elección sea un obstáculo para otras posibles elecciones mejores o impida el desarrollo y la libertad individual.
La forma de conocerse y contactar facilita el encuentro y la despedida, no suelen pertenecer al círculo familiar o habitual, predomina el anonimato lo que facilita los vínculos frágiles, rápidos, idealizados y separados de la vida cotidiana.

3) El sexo se ha convertido en un objeto más de consumo impulsado por un deseo intenso y mágico, con garantía de abandonar en cuanto las ganas desaparezcan, atento a cumplir las expectativas en él depositadas y pendiente de un cuerpo eternamente joven, bello y dispuesto a conseguir “el anhelado gran orgasmo” Hombres y mujeres quieren disfrutar del sexo por igual, mostrándose en todo momento dispuestos, gozosos, divertidos y satisfechos.

4) Jóvenes y mayores aman estar enamorados impulsados por el deseo de desear y de ser deseados, si se quiere un cuerpo joven no es sólo por la belleza, hay necesidad de permanecer adolescente en lo sexual y en todos los aspectos de la vida con una actitud de expectación, de rechazo a la madurez y al envejecimiento, no se quiere asistir al deterioro, agonía y muerte de ese deseo sexual mágico e intenso por lo que las relaciones sexuales se renuevan como una adicción cada vez con un cuerpo nuevo, un cuerpo por conocer.

5) las conductas sexuales se impregnan de sensaciones y emociones físicas a la vez que se despojan de sentimientos y afectos; se da importancia al contacto que dice “estemos juntos mientras las ganas no desaparezcan” y se tiende a anular el vínculo afectivo que reclama “proyecto de futuro”.
Se consumen las relaciones sin tiempo para experimentar tanto los placeres como los sufrimientos, no hay la oportunidad de vivenciar la secuencia “búsqueda-entrega-separación-repensar lo vivido” porque no se vuelve a repetir después de uno o escasos encuentros sexuales.

6) Las relaciones intimas que sólo buscan el placer o reafirmar la identidad sexual no suelen satisfacer las necesidades de reconocimiento, cariño, respeto y ternura, lo que no facilita el desarrollo de los lazos afectivos y suele despertar sentimientos de vacío y estados de humor que nada tienen que ver con estados propiamente depresivos. Hay pérdida pero no duelo, el vacío se transforma en manía, en un estado de humor exaltado o triste que no da lugar a la reflexión sino a la negación defensiva de esa pérdida y a las conductas compulsivas de repetición.

7) El concepto de perversión sexual se ha ido difuminando, todas las conductas sexuales libremente entre adultos pueden ser válidas, no entran dentro de la categoría de perversas sino de pluralidad sexual. La promiscuidad, la pornografía y la prostitución en las redes sociales son cada vez más frecuentes. (hombres y mujeres con una vida normal, aparecen y desaparecen de Internet, donde la pornografía y/o la prostitución son un mero episodio en sus vidas).
*La promiscuidad entendida como la utilización de la pareja sexual como mero objeto para el placer, no como sujeto, no hay una relación intersubjetiva.

(8) El modelo de sexualidad dominante está en crisis. Lo masculino y lo femenino luchan por no coincidir con hombre y mujer; se nos complica saber qué supone ser hombre y ser mujer en la llamada sociedad del riesgo global. Surge el transgénero, la transexualidad, lo queer. Aparecen nuevas y múltiples sexualidades y como consecuencia de esto, numerosos y notorios cambios en la dinámica del deseo.

9) De la revolución moral y sexual de los años 60 del pasado siglo hemos heredado un deseo sexual al que se le otorga el estatus de salvador de la vida intima; se convierte en la palabra mágica que abre las puertas a las emociones; adquiere un prestigio casi embriagador y empieza a ser uno de los verdaderos problemas de la sexualidad actual junto a las expectativas y la procreación.

10) Amor y sexo son dos de las tendencias contradictorias del ser humano que suelen entrar en conflicto, unas veces se separan y otras aparecen juntas a lo largo de la vida de un individuo. Parece que actualmente nos preguntamos ¿Pareja estable o deseo sexual intenso? ¿Tenemos que elegir?.
La pareja estable se vive a la vez como una limitación para las emociones placenteras intensas y como el refugio seguro y más parecido a un hogar. El amor y el sexo pasan a ser la gran mentira y la gran verdad de los seres humanos en una sociedad que siempre está mirando por la ventana de ese refugio amoroso hacia fuera, hacia el otro más bello, más joven y más poderoso que yo.

Es como si hubiésemos hecho un largo viaje desde “una ciudad moderna” estructurada con planos y cartabón y acabásemos de aterrizar en “una ciudad posmoderna y globalizada” construida con múltiples laberintos, y todavía nos sentimos mareados, como en un constante “jet lag” que García Márquez explica de forma muy original “Después de un largo viaje nos sentimos mal porque mientras nuestro cuerpo viaja en avión el alma lo hace a paso de burra”

Rosario Castaño


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