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abril 15, 2015 Comentarios

Desamor y ruptura

ruptura

Joaquín Sabina

La ruptura de la pareja es uno de los motivos habituales por los que las personas   acuden a terapia.

Hay muchas maneras de separarse, entre ellas se encuentran las separaciones de mutuo acuerdo, aunque en la práctica éstas son las menos frecuentes. Generalmente, es uno de los miembros de la pareja el que decide dar por finalizada la relación. Aunque la ruptura no comienza en ese momento ni termina en ese momento. Me gustan las palabras de Risto Mejide cuando escribe: “Una relación jamás se rompe. Como mucho, uno de los dos, cualquier día, constata el roto. Pero la relación ya venía rota para entonces”. Mejide ilustra en pocas líneas un proceso a menudo largo y doloroso al que denominamos desamor y que desemboca en la separación de la pareja.

Tendemos a pensar que aquél que sufre y acude a terapia es “la persona a la que han dejado”. Sin embargo, es muy frecuente que el que “constata el roto” lo haga primero. Una separación comienza el día en que a uno de los miembros de la pareja le asalta la duda. Sobreviene entonces una enorme ansiedad, desconcierto y culpa, mucha culpa. La difícil decisión de poner fin a una relación de pareja es un motivo habitual de consulta.

La persona acude inmersa en un mar de dudas. Por un lado, siente que la relación que tiene ya no le reporta la misma satisfacción, puede que haya experimentado sentimientos románticos por otra persona, o que de un tiempo a esta parte todo lo que hace su pareja le molesta, se compara con otras parejas que conoce, puede que las discusiones le parezcan insostenibles o simplemente se aburre, él o ella ha dejado de interesarle. Por otro lado, la idea de reconstruir su proyecto de vida, de afrontar la soledad, el miedo a equivocarse y la culpa que deviene de pensar en herir al otro, dejan a la persona en lo que aparentemente es un callejón sin salida.

Cuando dos personas rompen, raramente elaboran el proceso de duelo a la vez. El que “constata el roto” va por delante. Para él, la mayor parte de la ansiedad finaliza el día en que comunica al otro su decisión, aunque aún tiene por delante un largo camino que recorrer no exento de tristeza y en el que tendrá que reconstruir su proyecto de vida.

De cualquier forma, la separación siempre es más fácil para aquél que pone el punto y final, pues su postura activa ejerce la función de preservar su autoestima.

En el caso del que tiene que asumir la ruptura, al dolor intrínseco a ésta se suma el de haber sido rechazado, lo que en psicología denominamos “la herida narcisista”, que no es otra cosa que la que sufre nuestro amor propio.

De hecho, cuando alguien viene a consulta tras haber experimentado una ruptura sentimental, una de las primeras cosas que trato de averiguar es si trae solamente una herida narcisista (en su amor propio) o si además de ésta, que es inevitable, hay también una herida de amor, o lo que es lo mismo, si sigue enamorado de su pareja.

El segundo caso será más complejo.

En las primeras sesiones, la diferencia puede ser difícil de establecer debido a la intensidad de las emociones. En las primeras fases del duelo, todos los “abandonados” se sienten muy enamorados de su expareja. Es una reacción normal en la que se niega lo que está pasando y en la que la esperanza de retomar la relación sirve para evitar pensar en todo lo que hay que afrontar.

Más adelante, cuando se entra en la fase de rabia, muchas personas se dan cuenta de que en realidad no amaban a su expareja, y eso facilita algo las cosas. Por supuesto, aún les queda mucho trabajo por hacer: tienen que reconstruir su identidad, su autoestima y su proyecto de vida.

En mi experiencia clínica, son una minoría los que en el momento de la ruptura seguían muy enamorados de su expareja, aunque por supuesto los hay. Éstos tienen sin duda la parte más difícil, pero no sólo lo superarán, sino que volverán a enamorarse, porque la capacidad de amar no reside en la persona a la que amamos, sino que es nuestra y nadie puede arrebatárnosla.

Consejos para sobrellevar una separación:

  • La separación física facilita la separación emocional. Aunque no es suficiente, es importante tomar distancia de la expareja.
  • Ser amigos es un intento de aferrarse a la relación. Quizás sea posible más adelante pero no en el momento de la ruptura.
  • No acoses a tu expareja. Cuando alguien ha dejado de quererte, no hay nada que se pueda hacer. De ello sólo puedes sacar una humillación.
  • Deja pasar el tiempo, si bien no lo cura todo, es cierto que ayuda mucho.
  • No busques un sustituto/a. Un clavo no quita otro clavo. Lo único que conseguirás es demorar el momento de volver a encontrarte contigo.
  • Aprovecha para hacer cosas nuevas, que siempre te ha apetecido hacer.
  • No presiones a los amigos comunes a tomar partido por ti. Les pones en un aprieto y puede funcionar en tu contra.
  • Apóyate en las personas que te quieren y disfruta de ellas.

RECOMENDACIONES CINEMATOGRÁFICAS:

–        Taratuto.J.: “No sos vos soy yo”

–        Almodovar.P.: ”La flor de mi secreto”


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