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julio 21, 2010 Comentarios

Alteraciones del sueño en la menopausia

Dr. Santiago Palacios. Director del Instituto Palacios de Salud y Medicina de la Mujer. Madrid.

De las 7-8 horas que duerme un adulto, aproximadamente el 5% corresponde a adormecimiento, la mitad del tiempo corresponde a sueño superficial y el 20-25% a sueño profundo. Esta distribución se modifica con la edad, de tal manera que en las personas mayores el sueño se hace más liviano y ocurren más despertares nocturnos, disminuyendo considerablemente el sueño profundo.

Las mujeres son dos veces más propensas a padecer alteraciones del sueño que los varones. En el caso concreto de la menopausia, son dos los trastornos del sueño que adquieren especial relevancia: el insomnio y el síndrome de apnea del sueño.

Insomnio

El insomnio es el trastorno del sueño más significativo de la menopausia. Un estudio de la Escuela de Enfermería de la Universidad de Arizona, realizado en mujeres que empezaban a experimentar los primeros síntomas menopáusicos, mostró que, mientras que algunos otros síntomas típicos de este periodo pueden ser variables, el insomnio es la excepción notable, permaneciendo constante independientemente de cuándo han tenido su último periodo menstrual.

Los motivos por los que la menopausia puede contribuir a la aparición de insomnio son:

–       Síntomas vasomotores: entre un 50-70% de las mujeres presentan sofocos y calores nocturnos durante la transición menopáusica, asociados a la disminución de los niveles de estrógenos. Se presentan frecuentes despertares nocturnos debido a la repentina sensación de calor y sudoración, acompañado de palpitaciones.

–       El estrés y/o depresión, ansiedad, temores y otros factores emocionales que pueden presentarse en esta etapa de la vida.

Atendiendo a la naturaleza de los problemas con el sueño, los tipos de insomnio son:

–       De conciliación: dificultad para quedarse dormido

–       De mantenimiento: se producen frecuentes despertares durante el sueño. Algunas otras enfermedades, como la artritis y la artrosis, pueden también afectar al sueño.

–       Despertar precoz: el último despertar se produce como mínimo dos horas antes de lo habitual.

–       Sueño de mala calidad: la mujer duerme una cantidad de tiempo considerada normal, pero el sueño no es reparador.

Para poder realizar un diagnóstico de insomnio, es necesario que, además de las dificultades para dormir referidas anteriormente, se den una serie de consecuencias durante el día siguiente, tales como cansancio y fatiga, somnolencia excesiva, irritabilidad, mal humor, disminución de la atención y concentración y dificultades de memoria.

El tratamiento para el insomnio puede ser de dos tipos:

–       Medidas no farmacológicas, entre las que destacan:

  • Psicoeducación: proporcionar al paciente información sobre el sueño y sus trastornos: explicarles cómo varía el sueño durante las diferentes etapas de la vida, indicarles en qué situaciones son comunes los trastornos del sueño (estrés, enfermedades…) y tranquilizarles para que no se agrave el problema.
  • Medidas de higiene del sueño: hábitos que deben ser incorporados al estilo de vida, tales como evitar la cafeína, la nicotina y el alcohol, crear un ambiente cómodo y acogedor en la habitación (evitando las temperaturas extremas), mantener horarios de sueño regulares (incluso los fines de semana), evitar alimentos condimentados o copiosos por las noches o evitar realizar ejercicio físico al menos 3 horas antes de acostarse (ya que el ejercicio aumenta el nivel de alerta y sube la temperatura corporal).

–       Medidas farmacológicas:

  • Terapia hormonal sustitutiva: mejora los síntomas vasomotores y las funciones del sistema nervioso central.
  • Melatonina: se ha demostrado la eficacia de entre 3 y 9 mg. de melatonina para algunos tipos de insomnio.
  • Farma hipnóticos: tratamiento de última elección, cuando ninguna de las medidas anteriores han surtido efecto.

Síndrome de apnea del sueño

Consiste en episodios de cese de la respiración durante el sueño, que pueden durar 10 segundos o más. Esto es debido a la relajación de los músculos de la base de la garganta, que causa una obstrucción para el paso del aire y provoca ronquidos intensos (algunos de ellos con ahogo) y una respiración muy dificultosa. De hecho, estos ronquidos pueden ser percibidos erróneamente como un indicador de buena calidad de sueño.

Es una enfermedad mucho más frecuente en los varones, aunque en la actualidad se ha demostrado un incremento notable de los casos en mujeres durante la menopausia, llegando a igualar al porcentaje de hombres. Este aumento de la prevalencia en la menopausia está directamente relacionado con la presencia de sofocos.

Para poder realizar el diagnóstico de apnea del sueño, es necesario que se produzcan al menos 10 apneas por hora de sueño. El diagnóstico de sospecha se confirmará mediante la realización de una polisomnografía, un estudio que mide los ciclos y etapas del sueño.

Con respecto al tratamiento se adoptarán las siguientes medidas:

–       Adelgazamiento en caso de personas con sobrepeso

–       Reducción del consumo de tabaco y excitantes

–       Evitar acostarse boca arriba (se puede colocar algún objeto en la espalda, como una pelota de tenis cosida en el pijama).

Si ninguna de ellas funcionara, se pueden utilizar dispositivos de retención de la lengua (poco utilizados debido a que son incómodos) o aparatos que suministran aire al paciente de forma continua a través de una máscara. En última instancia se optaría por el tratamiento quirúrgico.

Instituto Palacios de Salud y Medicina de la Mujer. Madrid. http://www.institutopalacios.com

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